Sal con una chica que escuche música

Relaxed young woman listening woman in park

El otro día un buen amigo compartió este par de artículos, que os recomiendo, y no pude resistir la tentación de hacer mi propia versión con la música. Es la primera vez que pongo un relato… qué vergüenza.

Sal con una chica que escuche música

Sal con una chica que le guste la música. Que le preguntes por su canción favorita y simplemente no pueda decidir entre tantas. Esa que al salir de casa comprueba antes que lleva los cascos que el bonobús.

Tardarás en encontrarla. Ella se crió con los vinilos de los Beatles de sus padres, mientras sus amigas escuchaban a Xuxa o Rita Irasema. Por su Comunión le regalaron un Walkman y llenó su vida y la de sus amigos de cassettes.

En la adolescencia subió el volumen de la música para evadirse de los conflictos generacionales y los picos hormonales. Por las noches se quedaba dormida escuchando la radio con los auriculares clavándose en la almohada.

Va en el metro sin prisa con sus coquetos cascos puestos. De pié entre los demás, está pero no está. Con la cara relajada, cabeza ligeramente ladeada y mirada algo ausente… ha puesto un playlist alegre porque está contenta. Se las sabe todas de memoria pero pone el modo random para jugar a sorprenderse a sí misma.

La encuentras en ese concierto lleno de gafapastas con camisas de cuadros. Con sus gafas enormes crees que será la típica hipster. Pero no… entre tanto leñador barbudo con sombreros de Jason Mraz, ella es auténtica .

Primera cita en un garito sin cobertura, mítica sala de viejas glorias. Hoy toca un rockero con tatuajes caídos y la misma pasión de hace 30 años.

Después de unos temazos y suficientes copas te armas de valor. Noche mágica.

Vais coleccionando canciones juntos. Cualquier medio es bueno para compartir ese temazo, whatsapp, spotify, email… “mira esta letra”, “me flilpa el estribillo”, “flipa esta instrumental”, “¿que no conoces…?”, “tenemos que ir a…”.

Ella es más lista que tú. Ibas de chulito creyendo que sabías de música, pero ella te descubre mundos nuevos. Te fascina su música y cada vez más toda ella. Vives para sorprenderla, y te emocionas cuando descubres alguna canción que sabes le encantará.

No le regalas flores. Tarareas canciones en su oído. Cantas mal pero sabes que con la letra le basta, el mérito es de la poesía.

Acumulais entradas juntos. Por su cumple un tocadiscos, y a partir de ahí años de vinilos. No es original… pero tú eres un poco bobo, ella lo sabe y siempre le gustan. Cada disco tiene su personalidad y una historia que contar.

Escapadas, festivales y más conciertos. Diferentes ciudades, estilos, descubrimientos y aventuras juntos. Sois los amos del espacio y el tiempo, basta con escuchar una canción para volver a vivir esos momentos.

Lo más difícil de vuestra boda, es decidir la canción del baile. Que si Frank Sinatra, que si un waltz, ¿y el resto de la música?… del menú… bah, ya se verá…

Sois jóvenes. Vivís solos y felices. Los sábados por la mañana, aprovecháis para poner algún temazo a todo trapo y bailáis desinhibidos riendo en el salón. Luego a solas, el volumen al mínimo y las sensaciones al máximo. Os quedáis dormidos con la que el modo random ha elegido que será vuestra canción.

Suena un temazo en la sala de espera. Mirada complice. Sonreís.

Vuestros hijos os hacen redescubrir emociones y músicas olvidadas. Ahora les toca a ellos. Cada vez os gusta la música más bajita, y a ellos más alta. Suspirais.

En la madurez te sorprendes saboreando el jazz en su compañía.

Del jazz de la madurez, a la música clásica que os acompaña hasta el final. Nunca imaginaste que te harías tan amigo de Beethoven y Mozart. Te has hecho viejo.

Ella se va antes que tú.

Siempre pensaste que te irías primero. Te gustaba hacerla rabiar diciéndole que te recordara con este estribillo “please, remember me, happily…”

Pero se ha ido. Los momentos clave de vuestras vidas han tenido una canción… ¿y ahora cuál? Necesitas una canción que te abrace y te consuele como lo ha hecho siempre. Entonces recuerdas aquella canción que tocabas de joven… la recuerdas perfectamente porque era justo para este momento. La aprendiste cuando aún no la conocías… pero era para ella. Llevas toda la vida deseando que no llegara, pero es hora de ponerla.

La canción se ha hecho realidad.

Con manos torpes desempolvas su tocadiscos, pones el vinilo y cierras los ojos.

Estás con ella.

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